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Gustavo Gómez, asesor de Pepe Mujica en políticas de la comunicación

“Uruguay aprovechó la modernización tecnológica para democratizar su estructura de medios”

Publicado el 19 de Agosto de 2014


gustavo_gomezProfesor universitario, investigador, consultor de gobierno, hombre de radio, pero sobre todo autodidacta y libre pensador. Así podríamos definir a Gustavo Gómez, quien expuso sobre la experiencia uruguaya en las últimas Jornadas Participativas sobre Libertad de Expresión y Leyes de Medios, realizadas por la Universidad Católica de Valparaíso.

 

Por Carlos Fuentealba Varela.

 

Gustavo Gómez es un tipo tan locuaz como distendido, que opina con la asertividad que da la experiencia, sin importarle mucho el rigor corporativo o protocolar. En eso se parece bastante al presidente de su país, José Mujica, que lo ha considerado una voz influyente en la Secretaría de la Presidencia para encausar las reformas que Uruguay ha realizado en el campo de las comunicaciones.

 

Por eso a Gómez no le importa que a su lado haya expuesto un Ministro de Comunicación, como lo es en su país el ecuatoriano Fernando Alvarado. El charrúa escucha y asegura que no tiene ánimos de comparar, pero hace énfasis en ciertas ideas que dejan ver matices entre las experiencias de esos dos países. “Nuestro norte es aterrizar la libertad de expresión a la ciudadanía, estableciendo parámetros que no permitan el abuso del actual gobierno ni de los que vengan después”, asegura Gómez.

 

Su exposición saca aplausos entre los asistentes a las Jornadas Participativas sobre Libertad de Expresión y Leyes de Medios organizadas por el Observatorio de Comunicación de la Universidad Católica de Valparaíso, que empiezan ya a configurar un escenario crítico para abrir un debate sobre la comunicación en Chile.

 

-Cuéntenos su experiencia en el campo de la comunicación…

-Yo soy un personaje medio especial porque hablo acá como si fuera un abogado, opino como si fuera ingeniero y en realidad no tengo ninguno de esos títulos. No obstante, soy consultor internacional en comunicaciones y asesor de la Secretaría de la Presidencia de mi gobierno, producto fundamentalmente de una experiencia de vida que empezó en el año 1994 cuando creamos la primera radio comunitaria del Uruguay. Yo era un tipo que quería hacer radio, nada más. Vivía en un barrio popular, muy luchador, que se llama La Teja, del oeste de Montevideo.

 

-¿Y desde allí saltó al Gobierno?

-Bueno, ha sido un largo camino. De ahí hasta ahora hemos tenido que aprender mucho. Empezamos a hacer radio en un momento en que era ilegal y había que defenderse y buscar los argumentos para defenderse porque considerábamos que teníamos razón, que teníamos el derecho a establecer nuestra propia comunicación sin que se nos tildara de delincuentes. Para eso tuvimos que empezar a estudiar un poco, para hacer algo más que pegar unos gritos y después salir corriendo.

 

-¿Cómo nació la necesidad de tener sus medios de comunicación?

-De nuestras necesidades locales, básicas, que no se veían reflejadas en los grandes medios. No teníamos un planteo contestatario ni politizado, simplemente reclamábamos tener un espacio propio de alcance local donde los temas fueran más cercanos a nosotros y donde los protagonistas fuéramos nosotros. Así empezamos a desarrollar contenidos muy variados, hasta llegar a tener programas informativos, deportivos, humorísticos, musicales y hasta infantiles, hechos por los propios niños del barrio. Era tan diversa como la comunidad del barrio. Algunos tenían esa vocación de hacer algo más informativo, abordar temas en profundidad, saber qué se está haciendo en otros lados, abrir el horizonte de sus vecinos, pero otros querían simplemente divertirse.

 

-¿Qué generó este medio en su barrio?

-Generó y fue reflejo de lo mejor que ya había, lo multiplicó y asimismo abrió espacio para plantear problemas que todos por separado no se atrevían a enfrentar.

 

-¿Y cuándo chocan con la ley?

-Un año después fuimos cerrados y luego cinco veces, por el Ministerio de Defensa, que es el encargado en Uruguay de ver estos temas. Bueno, ahí nos politizamos, nos vimos en la necesidad de hablar en estos términos, la libertad de expresión, el derecho a la información, la articulación de la sociedad civil, etc. Desde entonces empezamos a plantear estos temas a nivel más nacional.

 

-¿Cómo lo hicieron?

-Al año creamos la coordinadora de radios comunitarias. Nos juntamos para defendernos y para aprender. Siempre debe ser así, uno forma comunidades siempre con esa intención, defenderse mutuamente y aprender. No había habido experiencias antes y desde ahí pegamos el salto al exterior, aprendiendo de las experiencias mutuas.

 

-¿Sufrieron represión del Estado?

-El contexto que había en Uruguay no era de riesgo de vida. No te puedo asegurar lo mismo en Guatemala, México u Honduras, donde las radios son perseguidas. Esto no quiere decir que no hubiese un riesgo para cada uno, pero bueno, no hay lucha que valga la pena que no suponga cierto nivel de riesgo. Lo único en lo que creo que estuvimos acertados fue en no creer nunca que éramos delincuentes, a pesar de estar haciendo algo fuera de la ley. Nunca nos clandestinizamos ni priorizamos otro tipo de discursos por sobre el nuestro. Algunos decían que éramos unos estúpidos, ingenuos, pero nuestra radio nunca se ocultó, nosotros siempre dimos nuestros nombres, porque yo creo que cuando uno piensa que está haciendo algo que no es propio, no puede transmitir certeza. Nosotros no estábamos usurpando nada, no defendíamos la bandera de la ilegalidad, al contrario, queríamos ser legales, pero no nos dejaban. Entonces ocultarse y tener miedo era darles la batalla por ganada. No es que fuéramos unos súper valientes, pero tuvimos el convencimiento de que lo que hacíamos estaba bien.

 

-Fue una apuesta a largo plazo entonces…

-Sí, la sociedad debe entender que estos cambios no son de un día para otro. Para nosotros hubo dos momentos claves: la legalidad y la legitimidad. La legalidad vino cuando logramos que el parlamento aprobara una ley que reconocía y promovía el sector comunitario, pero antes estuvo la legitimidad, que nos lo dio la práctica. Fue un tiempo en que hacíamos lo nuestro fuera de la ley, con conocimiento de la autoridad que no nos iba a cerrar. Eso incidió en mucha gente para que nos respetara y entendiera lo que hacíamos.

 

-Con la legalidad pasaron de ser inocuos a ser reconocidos como un aporte a la sociedad…

-Yo ya no estaba en la radio, pero claramente entendí que a todos los que allí estaban se les daba tranquilidad, satisfacción de saber que lo que hacían estaba bien. Cada etapa tiene su montaña que subir. Durante muchos años nuestra montaña fue el permiso, pero cuando lo obtuvimos nos dimos cuenta de que ese era el mas pequeño de los cerros, porque después había que hacer radio… que no es solo sacar notas, programas, sino gestionar el medio y obtener gente que te escuche. Para el que no tenía esa claridad desde antes, obtuvo el permiso y después murió porque quedó desnudo. Por mucho tiempopodés estar excusándote en que te persiguen para hacer contenido mediocre y victimizarte, pero cuando hay permiso, el que sobrevive es el que hace radio y lo escucha la gente.

 

-Y ahora ¿Cuál es el panorama de los medios de comunicación en Uruguay?

-Nosotros hasta hace muy poco tuvimos un panorama muy concentrado, sobre todo en la televisión, con un oligopolio controlado por tres familias que además de tener el control de la televisión abierta, tenían las licencias del cable y una red de repetidores que abarcaban todo el país. Eso es un problema muy grande, tener tan poca gente que pueda dominar la agenda informativa. Durante los últimos años eso se ha podido revertir, a partir del fortalecimiento de los medios comunitarios, del sector público, pero también de la ampliación de la competencia en el sector comercial. Nosotros lo que hemos aprovechado, más que una ley que todavía no está aprobada, es la televisión digital. Si en el caso de Montevideo teníamos 3 canales comerciales y uno público, con la televisión digital tendremos 5 comerciales, 2 públicos y un canal comunitario que dependerá del lugar en que se sintoniza. Así ampliamos la oferta y rompemos la barrera del acceso. Creo que Uruguay aprovechó la modernización tecnológica para democratizar sus medios de comunicación.

 

-¿Qué diferencia a un medio comunitario de uno público?

-Me parece que hay varias diferencias importantes para remarcar. La primera tiene que ver con la propiedad del medio. En un medio público, la propiedad es del estado, ya sea un gobierno nacional, regional o provincial. En los medios comunitarios, la propiedad es de la sociedad civil, una organización que puede ser territorial, vecinal o gremial. La gestión es participativa, no política.

 

-¿Y cómo lo financian?

-Cada uno era voluntario, hacíamos bailes, donaciones, rifas, campeonatos, etc. La gente se compromete cuando entiende que allí tiene un espacio para el desarrollo de la comunidad. Después de la ley, a diferencia de acá, las radios comunitarias quedaron sin ninguna limitación financiera, entonces pudimos tener auspiciadores, publicidad estatal y privada. La única limitación que tiene por la ley es que no puede tener fines de lucro, o sea, todos los excedentes deben ser reinvertidos en la emisora.

 

-¿Qué impresión le ha dejado el panorama de las comunicaciones en Chile?

-Escucho bastante, vengo hace tiempo acá. Creo que Chile está en una situación no aceptable desde el punto de vista de los derechos humanos en materia de libertad de expresión. Las relatorías de libertad de expresión dicen que hay libertad para decir lo que se piensa, no hay presión de gobierno para ocultar discursos, pero la estructura de los medios de comunicación está muy concentrada, particularmente en la prensa escrita. Creo que ante la llegada de un nuevo gobierno como éste sería bueno que ese tema se abordara y se adoptaran las medidas recomendadas por los organismos internacionales, como la UNESCO, para revertir esa concentración.

 

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